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El Alcázar de Sevilla es menos antiguo de lo que se creía: Pruebas de C-14 lo fechan en el siglo XI

El Alcázar de Sevilla es menos antiguo de lo que se creía: Pruebas de C-14 lo fechan en el siglo XI.

El Alcázar de Sevilla, declarado Patrimonio de la Humanidad, no es del siglo IX ni del X, sino de finales del XI. Es decir, es más joven de lo que se ha venido repitiendo en los manuales al uso. La prueba definitiva la aporta el Carbono 14, que ha corroborado la tesis del arqueólogo Miguel Ángel Tabales: que el Alcázar tiene poco más de 900 años de edad.

Uno de los secretos mejor guardados por el Alcázar, su verdadera edad, acaba de ser desentrañado de forma irrefutable: empíricamente, a través de varios sondeos arqueológicos; y con el refrendo también científico de la prueba del Carbono 14. El resultado, en ambos casos, es idéntico: el conjunto palaciego levantado por los musulmanes en el enclave que hoy ocupa se empezó a construir a finales del siglo XI, no antes, como se ha venido manteniendo a resultas de las interpretaciones de los textos históricos, es decir, sin un fundamento material o probatorio que lo certificase.

Más concretamente, los resultados del Carbono 14, practicados en el Centro Nacional de Aceleradores (CNA) de la Isla de la Cartuja y recién informados a la dirección del Alcázar, arrojan el año 1090 como el más aproximado a la fecha de construcción, estimando un margen de error +/- 40 años. Con estos datos en la mano, resulta que el Alcázar tendría unos 919 años, es decir, que sería más joven de lo que se ha venido dando por bueno en los manuales, libros de Historia y guías al uso, lo que obligará a actualizar.

La prueba del Carbono 14 se le ha practicado a los restos del núcleo de argamasa que componen los cimientos de la muralla que blindaba el complejo del exterior. “Por si a alguien le quedaba alguna duda, el Centro Nacional de Aceleradores acaba de certificar lo que nosotros ya habíamos avanzado pero algunos se resistían a dar por oficial: que el Alcázar no es del siglo IX ni del X, sino de finales del XI, o taifa o almorávide, es decir, de entre los periodos de Al-Mutadid, Al-Mutamid o los primeros momentos almorávides”, explica Miguel Ángel Tabales, el arqueólogo de cabecera del Alcázar.

Y aclara: “Es posible que pudiese haber existido un Alcázar previo a éste, pero lo que confirman las pruebas es que, si lo hubo, no estuvo donde está hoy, sino muy probablemente en las proximidades de la plaza del Salvador. El Alcázar que hoy conocemos es fruto de la expansión que realizan los taifas sobre la Sevilla islámica existente entonces. Si la Sevilla que se encuentran tenía unas 75 hectáreas, ellos la ampliaron hasta las 100, y después de los almorávides vendrían los almohades, que la triplicarían hasta construir una megaciudad de unas 300 hectáreas”.

desmontando teorías. La certificación del Carbono 14 tiene exultante a Tabales y su equipo, muy criticado “de forma desproporcionada desde cierto sector de la Universidad de Sevilla apegado sin motivo a la historiografía tradicional. No se nos creyó cuando avanzamos que, tras ocho sondeos en puntos distintos del Alcázar y su muralla, los análisis de los restos nos daban una cronología nunca anterior al año 1050, es decir, de finales del siglo XI y con algunos resquicios de principios del siglo XII. Sólo espero que ahora, con el Carbono 14, nadie más vuelva a poner nuestro trabajo en entredicho”.

Aunque no lo diga abiertamente, Tabales alude con sus palabras a ciertos catedráticos de Historia del Arte que se han tomado sus descubrimientos poco menos que como una ofensa hacia la memoria de José Guerrero Lovillo, toda una institución en la materia y el que, a raíz de la interpretación de las fuentes de las que dispuso en su momento, determinó que el Alcázar era anterior al siglo XI.

“Llevamos 12 años trabajando a conciencia en el monumento, planteando investigaciones arqueológicas serias y dotadas con todos los medios a nuestro alcance que nos aporta el Patronato del Alcázar, que se ha tomado todo esto con el mayor interés del mundo; y todo ese caudal de conocimiento sobre el origen del lugar y de hallazgos constantes lo hemos venido vertiendo en publicaciones, unas más científicas y otras de corte más divulgativo”, detalla Tabales.

Y se justifica, pese a todo: “Yo no le he enmendado la plana a nadie ni desmerezco a mis maestros. Yo mismo comencé como arqueólogo escribiendo lo que todos, sólo que me he ido desdiciendo merced a mi trabajo en el Alcázar, que me ha permitido desmontar teorías a base de ciencia y hallazgos, porque la Arqueología es una ciencia, no se olvide”.

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